Juan, Liliana, Damián, Gladys, Carlos, Miguel - 11 años

Desde las 10hs se llevó a cabo el acto en homenaje a las víctimas de la explosión de la ex-Planta Piloto, Juan, Liliana, Damián, Gladys, Carlos, Miguel. 
Se contó con la presencia de familiares, amigos, docentes, estudiantes, graduados y autoridades.
Publicamos las palabras que la compañera Elena Berruti compartió con los presentes en el acto.

Efemérides. Que no sea sólo eso.
Una fecha más en el calendario universitario. No solamente eso.
O un casillero en la primera semana de cada diciembre.
O un “ya llega otra vez ese día”, el acto en el lugar de siempre, con casi siempre las/los mismos.
Y el silencio. Ese silencio. Que se hace un minuto y a la vez parece eterno.
Finalmente termina. Y nos vamos a seguir el día, a cerrar el año. Y así.
Que no sólo sea eso. Aunque tal vez toda dramática o tragedia (según cómo se lo mire conceptualmente) tenga un punto de partida silencioso. Luego de ocurrida la desgracia o de denominado el “accidente” –esos modos negadores de nombrar lo evitable- , el silencio sigue primero como estupor, a menudo bronca, enojo, tristeza también. Luego, desidia o impotencia.
Silencio oscuro, espeso, pesado. Y una niebla no natural o tiempo que pasa sin pasar del todo (nublando), diluye sensaciones, sentimientos, ideas, los vuelve lejanos. Y nos encontramos haciendo la cuenta para saber que son 11 años los transcurridos.
QUÉ APRENDIMOS DE AQUEL 5 DE DICIEMBRE
Cada una, cada uno nos lo contestaremos como se pueda. 
Pero la pregunta debe ser formulada en plural y en colectivo. Porque la explosión de la planta piloto, por supuesto que con diversas dimensiones de gravedad y responsabilidad,
NOS pasó –en el sentido de acontecimiento indeleble- como colectivo universitario, como comunidad.
Que no gane el olvido. Que no nos gane el olvido ni la anestesia que obtura la reflexión ni la abulia que pone a la vida en piloto automático.
Que la desmemoria no sea una pátina densa que todo lo opaca o naturaliza o vuelve
invisible.

Que no haya jamás, nunca nunca más una muerta, un muerto en su lugar de trabajo y de cotidianeidad.
Que esa bandera sea colectiva. Y de las y los trabajadores de la educación pública. Más aún en estos tiempos de brutal retiro y abandono por parte del estado de la educación y de las universidades públicas y gratuitas, tiempos durísimos de precarización laboral y
desentendimiento por las condiciones en las que trabajamos los que trabajo tenemos.
Más aún en esta contemporaneidad centrada en un feroz y deshumanizante
individualismo.
Más aún ahora en este 2018 que duele por todos lados, la necesidad permanente y sin
fecha de vencimiento de la MEMORIA recobra vigor, vigencia y urgencia. Se hace acá y ahora y nos interpela:
QUÉ APRENDIMOS por la vía del dolor y de la pérdida
Qué y Quiénes somos, después de 11 diciembres, en nuestras prácticas de enseñanza, de vinculación y extensión, de investigación, de trabajo comunitario, de gestión.
Qué y quiénes somos en el día a día, en los espacios compartidos de la uni (aulas,
cubículos, laboratorios, territorios, pasillos, comedor, anfiteatro, sala de consejo)
Quiénes somos en nuestros vínculos con la otra, con el otro.
Memoria, reflexión, vida. Políticas y prácticas del memoriar y del cuidado de la vida, de las vidas.
Citamos a Vicente Zito Lema y al hacerlo traemos las palabras de quien supo acompañar en cuerpo y palabra, desde el primer momento el dolor, la bronca, la impotencia y también el memoriar y la apuesta a lo que vive:
DE “Lo bello y lo justo pueden ser posibles en este mundo”, entrevistado Vicente en la
Universidad de Avellaneda:
“La universidad debe ser un campo de formación crítica. Estoy en contra de esa idea liberal de unir la universidad con la formación de profesionales de gran prestigio y solvencia, como si fuera una fábrica que produce buenos coches para buenos clientes que los pueden pagar.
No es que esté en contra de la buena formación. Lo que estoy disputando es qué se entiende por buena formación. Porque una formación técnica que no tenga un destino trascendente, insisto, convierte al egresado de una universidad en un profesional que, con suerte, puede ser un profesional exitoso. Y hay otra idea posible de universidad: un espacio para construir la vida, la profundidad de la vida en una búsqueda de la verdad, en el establecimiento de potentes lazos amorosos en la formación de las construcciones
sociales. Un espacio en donde te den una aguda formación crítica pero también, como
alguna vez escribiera Rodolfo Walsh, te capaciten para sentir como propio el dolor ajeno”.

Juan, Liliana, Damián, Gladys, Carlos, Miguel. No las olvidamos, No los olvidamos, No nos olvidamos.

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