Nueva narrativa: "La odisea de un día de cuarentena"

Compartimos el siguiente testimonio sobre cómo se atraviesa un día de cuarentena siendo docente.

 

No advertí su presencia, no percibí su intensidad, no registré su magnitud. Pero un día sin pensarlo mi vorágine de rutinas, horarios y responsabilidades cambió cuando apenas los primeros meses del 2020 daban sus primeros pasos y el calor agobiaba. Un virus proveniente de las tierras del sol naciente se esparcía por doquier.

Entreabro los ojos por un ruido, que no era el del despertador, era el de los mensajes por wassap. Con la vista nublada miro la pantalla de mi celular y ya no eran los mensajes de mis afectos, sino un sinnúmeros de mensajes que el celular acusaba + 99, y de un montón de números que desconocía y decenas de contactos que me anoticiaban que mi número de celular era de dominio público, algo que hasta el momento formaba parte de un reducido de afectos y contactos laborales, porque era un bien preciado de nuestra intimidad.

El día comienza, antes ponía la pava para desayunar, ahora prendo rápido la computadora y conecto mi celular al wassap web, para que el ruido no despierte a mis hijos y poder dar comienzo a mi jornada laboral. Un escalofrío de incertidumbre me atraviesa, y pienso cómo arranco? ¿Qué y cómo enseñar en la virtualidad? De repente lo aprendido en los cursos de enseñanza con TICs parece no calmar mi ansiedad e incertidumbre. Una Computadora desactualizada, con un flujo de internet intermitente, la desinformación y las recomendaciones que carecen de claridad se apoderaron de mi espíritu docente.

De repente “Hola, Profe” y comienza a andar la dinámica diaria, las consultas, la preparación de los apuntes digitales, la instalación de nuevas aplicaciones para el celu, porque la compu no las reconoce. Búsqueda incansable de tutoriales y la participación en charlas webinar intentando encontrar la respuesta del ¿Cómo?. Cuando de pronto, mientras le respondo por mail a un alumno y le envío un audio de wassap a otro. Algunos ruidos del dormitorio me indican que es momento de compartir el disco rígido de mi cerebro en madre y docente. Las actividades domésticas y la docencia no siempre van de la mano.

Mi celular a punto de explotar, entre notificaciones, fotos y recordatorios y los grupos de wassapp de la escuela de mis hijos y la de sus actividades extraescolares. El Drive que me avisa que es necesario administrar el almacenamiento, todas las cuentas de correos activas y las aulas virtuales cada una con su contraseña, tampoco olvidarse de la lista del supermercado, los pagos digitales, transferencias y otras acciones on line que mi cerebro no registraban.

En nuestro lenguaje los términos que utiliza la ciencia médica se hicieron cotidianos, las cifras, los números y los porcentajes ya no son algo abstracto, la ansiedad por los anuncios se convirtieron en un exceso de información que parecían anunciar el fin del mundo, los noticieros se convirtieron en horas de terapias con el psicólogo.

Las pantallas cambiaron la forma de ver el mundo, el acercamiento con los afectos por videollamada, la información a través del televisor, la enseñanza a través de la computadora y el teléfono donde las redes sociales y las plataformas (para quienes pudieron acceder) fueron el contacto más cercano, ni hablar de las plataformas de películas que permitieron “conectar” a los más peques mientras saltan en cama o juegan con un simple pedazo de cartón, y ni que hablar de Tik Tok que permitió a los adolescentes conectarse para compartir con su amigos las producciones que estuvieron ensayando toda la tarde, mientras esperaban el aviso de que una larga lista de interminables tareas se habían cargado en el aula de classroom.

El sol salió y se escondió y yo estuve sentada frente a la pantalla de mi computadora, entre corridas preparé la comida, puse el lavarropas a andar, le ayudé con las tareas a mi hijos, hice masitas para la actividad de geometría, hice un mural para las efemérides y los bañé y nunca dejé de contestar ni resolver ninguna duda o inquietud de mis alumnos. Con aciertos y desaciertos hice todo lo que humanamente y tecnológicamente estuvo a mi alcance y yo como muchos. Pero no fue nada fácil atravesar el aislamiento social, días con mucho empuje contra la corriente y las disposiciones, la tecnología que a veces nos juega en contra sin más ni menos porque las condiciones no son las adecuadas, otros días triste y con mucha angustia con dolor de cabeza y la cervical que ya no resiste estar sentada.

Los días de sol otoñal quedaron atrás y el frio invernal se apoderó de nosotros y con el final del tan ansiado cuatrimestre, que solo dejó en evidencia las desigualdades desde cada perspectiva desde donde se lo mire bajo una pandemia que parece ser la historia sin fin.

-ABM-

Rivadavia 924 - Río Cuarto Cba - Telefono: (0358) 4647404 / Interno: 8115 / Celular: 3584024562
Campus UNRC: Al lado del Aula Mayor - Telefono: 4676315 / Interno: 315
Email: agd@org.unrc.edu.ar