Posicionamiento sobre exposición mediática y en redes de un docente

La utilización de las telecomunicaciones y tecnologías digitales, en épocas de pandemia, cuarentena y distanciamiento social, ha implicado, como lo estamos advirtiendo, una redefinición de la práctica de la docencia y del acto educativo desde una multiplicidad de dimensiones. De manera que ha abierto un gran número de cuestiones para analizar, evaluar y debatir en los diferentes ámbitos académicos donde desarrollamos nuestro trabajo.
Estamos en nuestras casas. Lo cual implica, entre otras cuestiones, tener que construir un espacio apropiado para poner en escena, frente a una cámara, no sólo nuestra imagen, sino todo lo que ese dispositivo encuadra y muestra de nuestro hogar, ese espacio reservado para las rutinas cotidianas, convertido improvisadamente en lugar de trabajo.
Nos hemos referido, en otros documentos y producciones audiovisuales realizadas por los mismos compañeros y compañeras, a las implicancias de esta vida en la virtualidad: la superposición de los tiempos laborales con los tiempos de la vida cotidiana, la necesidad de contar con disponibilidad de ambientes adecuados en la casa donde poder dar las clases en silencio y sin que nadie ni nada se cruce frente a cámara. La educación en línea parece suprimir nuestra condición de personas en el mundo, para ubicarnos en un espacio escénico donde no se admiten interrupciones, ni errores en la puesta. Todo queda registrado y debe desenvolverse con fluidez, sin distorsiones de sonido y con una imagen normalizada, con la presión de la perfección pues, al quedar todo registrado, no se permite el error… pareciera que volviéramos al rol del docente tradicional.
Los hechos de público conocimiento difundidos ayer por el noticiero del canal local de aire, muestran a las claras el lugar de exposición y vulnerabilidad a la que somos expuestos y expuestas en este contexto particular en que intentamos cada día cumplir de la mejor manera con nuestra responsabilidad académica. Las redes parecen traer implícitos en su forma de funcionamiento, ciertos códigos o acuerdos en los modos en que se desarrollan los vínculos comunicativos en cada caso.
Esos códigos son funcionales a la tecnología. Aprendimos la técnica, pero quebramos, olvidamos u omitimos, los consensos de base entre personas y grupos, aquellos que nos han permitido históricamente defender la Universidad pública: la construcción de una comunidad que piensa, debate y crece porque es capaz en ese proceso de generar nuevos conocimientos y novedosas miradas para interpretar la propia época que nos toca vivir.
El video difundido por los medios de comunicación y las redes involucró, expuso y agredió la dignidad de un compañero docente de la Facultad de Ciencias Económicas, sin el menor cuidado, reparo o revisión del material que se estaba difundiendo. El espectáculo de la intimidad, como nuestro propio compañero expresa en la nota de descargo “ha generado un enorme daño emocional y moral no solo en mi sino también en cada uno de los miembros de mi familia”. El profesor nunca advirtió que la cámara estaba encendida porque la presentación en power point ocupaba todo el campo visual de la pantalla.
El mismo día una docente, muere frente a cámara mientras está dando su clase. En los dos casos se registran las imágenes, se difunden y, con una velocidad difícil de comparar se viralizan. En un caso llega a las pantallas de televisión, en el otro se logra detener. Preocupados, indignados, advertimos como ese entramado colectivo que defendemos y creemos construido, muestra sus serios huecos, por allí se cuela la falta de códigos, la debilidad de un sentido ético diluido, permeable a lo espectacular y banal. El esfuerzo por sostener la continuidad de las clases y de las actividades académicas parece no ser reconocido por todos los sectores de nuestra propia Universidad.
Le ocurre esto a nuestros colegas y nos sensibiliza a todos y a todas. Nos alerta respecto de la fragilidad de nuestra condición de trabajadores de la educación frente a un sistema laboral donde vamos quedando abandonados a nuestra suerte, o mejor a un ojo digital desde el cual no somos sólo mirados, sino también registrados para luego montar la película por la que seremos juzgados, incluso en el espacio propio de nuestro hogar.
Por eso como Asociación Gremial, repudiamos las acciones violentas y anti éticas al difundir el video de nuestro colega, a la vez que expresamos nuestra más profunda solidaridad y apoyo. A la vez que esperamos que las autoridades de la Unidad académica en la que se desempeña el profesor y las autoridades del Rectorado de nuestra Universidad se sumen a este gesto de defensa del derecho a la dignidad como trabajadores de la educación pública argentina.

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